Iniciación sexual precoz: problema de los padres
Por Pablo Marchant
Ingeniería Civil
Universidad Andrés Bello
La madre naturaleza ha sido sabia al haber hecho placenteras las cosas que nos hacen bien, e incómodas o, incluso, dolorosas las cosas que nos hacen mal. Por ejemplo, comer da placer y es algo vital, por lo tanto, no paramos de hacerlo. Pero el placer más grande que puede sentir un ser humano es el placer del orgasmo y es algo en lo que todos concordamos. Si no fuera por esto, la raza humana y todas las especies en la Tierra habrían dejado de existir. Sin embargo, está surgiendo un problema entre los adolescentes, que es la iniciación sexual a temprana edad. Esto se debe a una falta de información por parte de los padres.
La Organización Mundial de la Salud define la adolescencia como el período comprendido entre los 10 y los 19 años de vida de los seres humanos; y está caracterizada por una etapa temprana, que va de los 10 a los 12 años, y una etapa tardía, que va de los 15 a los 19 años. En la adolescencia, los humanos deben aprender a sortear diferentes retos que se presentan en esta etapa como parte del desarrollo. Uno de esos retos es la sexualidad; y es un reto, ya que el adolescente debe aprender de su cuerpo y entender que él es diferente de las demás personas que le rodean.
En esta etapa, lo ideal es que los padres informen a sus hijos acerca de este tema tan importante, porque así le aportan la experiencia y los conocimientos que ellos tienen para que sus hijos no cometan tantos errores. Pero, en la práctica, la información que le entregan los padres a sus hijos es muy defectuosa o casi nula. Esto pasa porque la mayoría de los padres no quieren referirse al tema con sus hijos o les da pudor hablar sobre esto, por lo que le dejan la tarea de informar a sus hijos al colegio, donde tampoco es buena la educación sexual que se da; entonces, el adolescente comienza a desconfiar de sus padres por el poco apoyo que le dan, por lo que busca información en sus amigos más cercanos o medios masivos de comunicación. Ahí está el problema.
Si los padres no informan a sus hijos, ellos crecerán con lo que le digan sus amigos y lo que logren rescatar de los medios masivos de comunicación. Pero los amigos, por lo general, no saben mucho más que él y la información que le dan es muy defectuosa, además de que los medios masivos de comunicación lo único que hacen es incitar a los jóvenes a iniciar su vida sexual mediante estímulos que utilizan como una forma de comercializar sus productos; entonces, el joven crece con una idea violenta del sexo: que solo es para diversión y que no hay que tener por él culpa alguna.
Todo esto deriva en una temprana iniciación sexual del joven, que ahora es de unos 12 años, lo que es realmente precoz, comparado con hace cinco años que la iniciación era en promedio a los 14 años. De todas formas, esto se relaciona directamente con que la pubertad se está adelantando en los jóvenes de ahora, ya sea por una alimentación diferente a la que tenían los jóvenes de años anteriores o por la carga genética que le aportan sus padres, de cualquier manera esto conlleva que el joven se sienta impulsado por las hormonas a más temprana edad, y si no tiene el conocimiento necesario puede terminar con consecuencias.
Una de las consecuencias más graves de iniciar la vida sexual a tan temprana edad es que, a futuro, ese adolescente tendrá problemas. Por ejemplo, cuando la pareja tiene relaciones en instantes del día en que pueden estar solos, se separa la parte afectiva de la sexual, lo que deriva en que cuando el joven sea un adulto, tendrá eyaculación precoz, anorgasmia o alteraciones en el deseo sexual. Otra parte de las consecuencias son las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y los embarazos no deseados.
Hoy en día, aproximadamente 15 millones de mujeres adolescentes se convierten en madres al año, eso representa poco más del 10% de todos los nacimientos en el mundo. Estas cifras son alarmantes porque significa que estamos frente a un problema de base, en el que los padres tienen un rol fundamental.
Si la joven es muy inmadura, tendera a abortar a su hijo y eso trae consecuencias para su salud. Además, como son adolecentes que aún tienen cuerpos en desarrollo, no están preparadas para traer un hijo al mundo.
Para evitar un embarazo no deseado, las parejas jóvenes optan por formas ‘’seguras’’ de tener relaciones; por ejemplo, el sexo oral, que si bien no implica penetración, representa un riesgo para la salud porque se pueden transmitir enfermedades de igual manera y nadie quiere tener la boca con herpes. Se ha demostrado que, incluso, se puede transmitir el sida por esta vía, por lo que no se puede considerar una forma segura de tener relaciones, porque asegura que no habrá embarazo, pero como consecuencia se puede contraer una enfermedad difícil de tratar.
En consecuencia, los jóvenes que terminan con enfermedades de transmisión sexual y las jóvenes que quedan embarazadas son estigmatizados por la sociedad y, en cierta forma, son discriminados.
En esta sociedad, los jóvenes que son padres tienen muy poco apoyo porque el costo de mantener a un hijo es muy alto, y, como son jóvenes, sería lógico pensar que son total o parcialmente dependientes de sus padres en el ámbito monetario. Entonces, el gasto familiar tiene que adaptarse al cuidado de un nuevo ser que pasa a formar parte de la familia. Si la familia se adapta bien y logran destinar recursos para el bebé, entonces no existe mayor problema; de hecho, hay casos en los que, después de nacido el bebé, la familia sale adelante y los jóvenes logran terminar sus estudios; pero, si la familia no se puede adaptar bien, los jóvenes optan por dar en adopción a sus hijos o en el peor de los casos abandonan al hijo a su suerte.
Entonces, los adolescentes se podrían evitar un embarazo no deseado, enfermedades de transmisión sexual; incluso, podrían evitar tener que vivir estigmatizados y no tendrían que ajustar el presupuesto de su familia y poner en juego su futuro al abandonar los estudios, solo si sus padres les hubieran informado a sus hijos de los riesgos y beneficios del sexo, sin descuidar la parte afectiva que esto involucra. Por lo tanto, todo pasa por la educación sexual que los padres le den a sus hijos.
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